Gestión Educacional

Reflexiones acerca del estado actual y futuro de la Gestión en la Educación chilena

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Nombre: Teddy
Ubicación: Valle Los Ingleses, Valparaíso, Chile

Amo a Valparaíso, toda mi intrahistoria está allí.

17 septiembre, 2006

Ser o no Ser

Quienes han tenido la oportunidad de adentrarse en la evolución de la gestión en la empresa deben coincidir en que la tónica actual es atender convenientemente al capital intanglible, es decir, al recurso humano. Aun en los países más desarrollados, hoy se privilegia a las personas que laboran en la empresa y existen múltiples estrategias para conservarlas. Acá, sucede muchas veces lo contrario y ello es una señal de nuestra calidad de tercer mundistas.
Afortunadamente, esta valiosa experiencia en el ámbito empresarial se ha ido, progresivamente, traspasando a la gestión educacional. Ello ha permitido que quienes han entendido el valor de la persona para el logro de los objetivos institucionales pueden ahora emprender cambios con éxito.
Necesitamos hoy, más que nunca, personas que aporten a la organización nuevas ideas que posibiliten competir con efectividad en el ámbito del servicio educacional, especialmente, en las unidades de enseñanza subvencionadas y privadas.
Para que esto ocurra, es menester una gestión propiciadora y fomentadora de la creatividad que anida en la organización. Cada una de las personas posee talentos que el directivo debe pesquisar, conocer y crear las condiciones necesarias para que se exprese. La tradicional postura autoritaria coarta esta importante posibilidad y, por ende, hay que desecharla de una vez.
Vivimos en una realidad en que la competitividad es una exigencia constante. Para poder llevar a la organización a un sitial de calidad, de efectivo servicio, es fundamental que sus integrantes tengan la autorización para crear, para innovar y, muy importante, para equivocarse. Así es, cuando la persona sabe que si se equivoca tendrá otra oportunidad, porque se entiende que ésta es el punto de partida para crecer, entonces, la persona libera sus talentos, los pone al servicio del equipo y aprehende la noción de pertenencia que tanto bien le hace a la institución.
Cuando esta idea de gestión llega a una organización educacional, surge una duda fundamental: ser o no ser. Se piensa que dar la posibilidad de autogestión a las personas, automáticamente, debilitará la autoridad del directivo; que el poder de éste reside en el verticalismo que es privativo de él y que le permite "mover" los hilos de la organización a su arbitrio, lo contrario constituiría una suerte de suicidio; que dar libertad a las personas para acceder a información que, tradicionalmente, ha sido propia sólo de directivos, podría poner en peligro la estabilidad de la organización. En fin, podríamos enumerar infinidad de mitos que hoy pululan en las organizaciones educacionales que ven con reparos este centrarse en el recurso humano.
La verdad es que en la hora actual, la organización debe abrirse al mundo circundante, conocer lo que hace la competencia, aprender de ella y superarla. Para esto, se necesita el aporte de todos quienes son parte de esta organización y, para ello, necesitamos que produzcan ideas que nos permitan situarnos con éxito en el panorama local. Para que esas ideas surjan necesitamos establecer un clima laboral que lo propicie. Sabemos bien que un hijo dependiente de sus progenitores, a la larga, es poco lo que va a aportar creativamente. Lo mis mo sucede en la organización: la persona debe llegar a ser independiente, pues en ese margen de libertad se gesta las ideas y la creatividad. Por ende, el verticalismo en la gestión no tiene sentido alguno en este escenario. La persona va a cometer errores y debo estar dispuesto a aceptarlos y alentar el aprendizaje que ello conlleva. Sólo así, la persona se siente capaz de acometer desafíos cada vez mayores, de ser audaz, un rasgo que en la realidad actual es esencial.
Cuando se logra crear una organización con relaciones humanas sanas, propiciante de la aportación de ideas novedosas, que trabaja en equipo y que puede acceder a toda la información institucional, entonces, tendremos personas pensantes y creativas que serán un real aporte al engrandecimiento de la institución.
Ser o no ser. Ser proactivos, creativos, audaces, ávidos de saber y de compartir. No Ser: autoritarios, dependientes, paternalistas, condenadores y promotores de "funcionarios".

09 septiembre, 2006

EL CARGO NO HACE AL LÍDER

Uno de los resabios más persistente en las unidades educativas de nuestro país es el directivo-docente que está convencido que su cargo le da un liderazgo espontáneo, como valor agregado. Una suerte de liderazgo "por la fuerza".
Quienes pintamos canas en esto de la educación nos hemos encontrado muchas veces con este especimen. Suele ser un hombre o una mujer que basa su poder en el temor que generan en sus subordinados. Gusta de la pleitesía, de la alabanza huera. Quieren y exigen ser el centro de todo el quehacer institucional. Deben saber todo lo que pasa en la organización, obligan a sus asesores a que le entreguen toda la información de lo que pasa o está por pasar. Sin embargo, guardan celosamente información que consideran privativa de la dirección y suponen que con esto pueden mantener el poder.
Para ellos o ellas, todo gira en torno al poder. Reciben con una inusitada alegría todo aquello que contribuya a acrecentar su "autoridad"; sin embargo, reaccionan violentamente contra aquellos que, de una u otra forma, ponen en peligro dicho poder. En este plano, desaparecen todos los valores y las "buenas maneras": simplemente aplastan al supuesto enemigo con crueldad. Son Católicos, Judíos o Evangélicos, da lo mismo. Cuando hay que proteger el poder, son capaces de cualquier cosa.
Bajo ellos, no es posible crecimiento humano alguno. Las personas son simples engranajes que permiten mover la máquina. Por ende, no deben pensar: sólo trabajar.
En general, muestran una especie de personalidad bipolar ya que en ocasiones pueden ser muy "humanos", alegres y amistosos. Pero ¡cuidado!, en cualquier momento sufren un vuelco que los transforma en verdaderos ogros y explotadores. Al respecto, creo que aquella clásica obra de Bertolt Brecht, "Herr Puntila y su sirviente Matti", nos entrega una imagen exacta de este tipo de personaje ambivalente y, por ello, muy peligroso.
He escuchado a más de un directivo-docente afirmar, con una convicción absoluta, que él se considera líder sólo por el hecho de haber asumido ese cargo. Lamentablemente, muchas veces son personas rechazadas por sus subordinados y, tal como afirma Cervantes en El Quijote, estos practican aquello de "bajo mi manto, al rey mato": pleitesía externa solamente.
Estos personajes hoy hacen mucho mal a la educación ya que su gestión coarta todo tipo de generación de conocimiento. No comparten información alguna lo que impide que el personal "se ponga la camiseta". Por el contrario, promueven al "funcionario", quien cumple su horario y hace estrictamente lo que se le manda.
Es un anti-líder, porque no genera simpatía dentro de la organización y, por ende, "realmente" no le siguen. Agréguese a ello el nulo interés por el recurso humano lo que impide toda posibilidad de formar equipo.
Es absolutamente incapaz de generar el potenciamiento del capital humano. Bien intangible que hoy suele ser el protagonista en la organización innovadora.
Quienes deseamos que nuestra educación propenda a la calidad que permita sacarla del empantamiento en que se halla, esperamos que estos especímenes se extingan rápidamente. Sólo entonces surgirán los líderes en la organización educacional: en plural y a todo nivel.