Capital humano
Es ésta una expresión que hace un tiempo se usa en organizaciones educacionales de éxito. El recurso humano tiene un valor fundamental en la actual organización: de él depende, en gran medida, el éxito de su gestión.
En la organización anquilosada en el viejo modelo de gestión, la preocupación por el recurso humano no es bien vista. La razón: un capital humano implica darle la posibilidad de generar ideas, de ser parte en las decisiones fundamentales de la organización. ¿Cómo podría ser congruente esto con un sistema que basa su poder en la autoridad piramidal? En el capital humano se gesta el conocimiento de la organización ¿Cómo podrían aceptar esto quienes basan su poder en la ignorancia de sus subordinados?
Pero el tiempo es un bicho que anda y anda, como diría Cortázar, y el nuevo escenario en el que la organización educacional debe operar, le está obligando a reformar sus añejas estructuras para dar paso a una preeminencia de lo humano, de aquellos que están en la primera línea.
Hoy, una organización que presta servicios está obligada a competir, a marketearse, a retener al personal experto, a fomentar la autogestión de su gente, a promover el trabajo en equipo, en fin, a dar incentivos a las personas para que provean a la organización de nuevas ideas.
En una organización así, la distancia entre los directivos y el personal se acorta notablemente. El directivo pasa a ser parte de los equipos, ellos mismos son un equipo.
El éxito de la organización educacional depende de cuán importante es para ella su gente y los directivos tienen la primera palabra en esto.


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