Rumores que matan
Se dice que..., hay un rumor que... Qué mal le hace a la organización esto de suponer algo sobre aire. Sí, porque cuando en un grupo humano se considera lícito emitir juicios sobre algo o alguien, fundamentándose en cahuines, opiniones o comentarios malintencionados, estamos ante una organización enferma. Ahora bien, si el jefe cae en este juego, lo avala y lo practica él mismo, entonces, estamos ante una organización en vía de extinción.
Esto tiene mucho que ver con la preeminencia de la emocionalidad, sobre la racionalidad. La subjetividad es el caldo de cultivo de estas prácticas que corroen a la organización desde dentro. Un jefe que asume que sólo el poder le inviste de autoridad, generalmente, cae en este lamentable vicio. Por el contrario, donde existe un verdadero líder, estas prácticas se diluyen como por encantamiento. Esto, porque el líder actúa siempre con y en la verdad. Ante la primera señal de cahuineo, el líder suele develar al hipócrita y al mal hablado. Lo pone en evidencia ante la sanción social que es el peor castigo para este tipo de personajes.
Cuando un directivo basa su juicio en un rumor, le hace un flaco favor a la institución y lo mejor sería removerlo del cargo ya que el daño que éste puede ocasionar es superlativamente superior al que pudiera causar un empleado.
El directivo responsable desenmascara todo intento de falsedad, confrontando el rumor a la verdad, que es el antibiótico que mata a la mentira.


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